30 de juny de 2017

DESPEDIDA DEL MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN

Carmen Andújar
Professora d'Educació Visual i Plàstica

Me permitiréis que hoy deje por unos momentos de escribir palabras para los demás cuando se marchan o cuando se jubilan, (que también las he escrito por supuesto, sobre todo a Teresa y a LLuís) y comience a leer mi propio discurso. Es una necesidad que tengo, porque 25 años no son moco de pavo, y no quisiera irme de aquí con un simple adiós, sino con un resumen de casi la mitad de mi vida en este centro.

El 1 de septiembre de 1991 llegué al Vázquez Montalbán, entonces llamado Institut de Batxillerat Sant Adrià de Besós. Ya había estado de sustituta en el año 86, cuando solo eran barracones, y ahora regresaba como funcionaria en prácticas a un instituto moderno en forma de casa, con un gran vestíbulo, dentro del cual tenían su hogar tres bonitos árboles, increíble, lo nunca visto, unas columnas blancas nos mostraban la gran puerta del gimnasio de color rojo, otras falsas columnas cortadas en forma de elipse nos enseñaban el camino hacia las demás salas, y unos balcones decorados con metálicos cuadrados amarillos, nos señalaban las diferentes clases de la segunda planta, bueno, y más cosas con las que no os quiero cansar, ya lo conocéis. Allí me reencontré con algún compañero de aquella época, como Rafael García, el conserje Pedro y la secretaria Montse, estos dos últimos se convirtieron en un gran símbolo del instituto.

Comenzaba una nueva etapa en mi vida profesional. Por fin dejaría de saltar de un instituto a otro en mi bagaje de interina. En esa época aún no había llegado la ESO, y a pesar de que teníamos casi cuarenta alumnos por aula, no se estaba mal. Disponía de una enorme aula y además un gran compañero, Ignacio Ladrón de Guevara, un excelente artista que me dio sabios consejos. Conocí a muchos compañeros, de los que en la actualidad quedan muy pocos, Nuria Riera, Teresa Aragall y Mónica Vila. De todos los demás como no quisiera dejarme a nadie y me es imposible nombrarlos a todos, solo os diré que cada uno de ellos dejaron huella en mi.

Con tantos años os diré que han sucedido muchas cosas, la celebración del décimo aniversario, con un vestíbulo que engalanamos como si de una Rambla se tratara, y el comienzo de la Educación Secundaria Obligatoria. Una nueva etapa, nuevos compañeros, un cambio de aula, en la que pasé de sentirme diferente a sentirme igual que los demás. Eso no es malo; pero estaba muy mal acostumbrada y el cambio lo noté y mucho. Un aula la mitad de pequeña y con unos alumnos que no se parecían nada a los de años anteriores, no quiero decir ni mejores ni peores, simplemente diferentes. En esta etapa a muchos de nosotros no nos quedó más remedio que cambiar los esquemas que hasta ahora utilizábamos para dar las clases, y los que no pudieron, decidieron marchar. Ya me conocéis, soy un libro abierto, ni lo pasé, ni lo paso muy bien dando clases; pero a pesar de todo, los niños a veces te sorprenden en positivo, y lo que he aprendido en todos estos años es que si les das afecto recibes afecto.

He estado muchos años a media jornada y no me quiero olvidar de todos los compañeros que se dedicaron conmigo ha impartir esta gran asignatura, tan importante para el desarrollo de los niños y tan poco valorada, algunos tuvieron bastante éxito sobre todo con las chicas, y alguna otra poseía la agilidad que a mi me faltaba, parecía la mujer araña y escalaba que daba gusto. Y en estos dos últimos años he compartido la enseñanza de la visual y plástica con Xavi Ribera, un gran compañero con el que me he llevado de maravilla y me ha dado la tranquilidad que necesitaba. Todos ellos me han aportado muchos conocimientos y nuevas ideas, que a veces una sola se estanca y no abre su mente a otras maneras de hacer.

También hemos pasado malos momentos, como el fallecimiento de nuestro querido conserje Pedro y de una alumna en nuestro propio centro. Ambas cosas nos golpearon muy fuerte.

Y llegó el momento de dejar de llamarnos Institut de Sant Adrià de Besós y nos denominamos Institut Manuel Vázquez Montalbán, coincidiendo con el 20 aniversario. Lo celebramos por todo lo alto, con numerosos actos y actividades. La culpa de que se llame así la tiene el compañero de castellano Quim Parellada y la directora de por aquel entonces Elvira Fernández que hicieron un gran trabajo. Y mirar como son las cosas, el año que viene me volveré a reencontrar con Quim. De ahí viene el cartel que preside el vestíbulo y que últimamente ha quedado un poco herido, espero que no de muerte. Más adelante disfrutamos de un gran cambio, que para mí enriqueció el instituto, fue la entrada de la Formación profesional, donde nuevos compañeros nos enseñaron los secretos de la informática, sobre todo Raimon y Miguel Ángel, o al menos lo intentaron, porque algunas somos un poco negadas.

Cuando se marchaban compañeros, siempre pensaba que con ellos se iba parte de mi; pero han ido viniendo otros nuevos con ideas innovadoras, dispuestos a ayudar en este difícil trabajo que es enseñar al que no sabe y lo peor, al que a veces no quiere aprender. A todos ellos les doy las gracias por haberme ayudado en lo que han podido y por el apoyo que siempre me han prestado en los malos momentos, sobre todo en los últimos años donde la salud no me ha acompañado mucho. Siempre he pensado que somos profesionales; pero ante todo somos personas, y cuando uno de nosotros lo pasa mal, ahí hemos de estar los demás para echar una mano. La solidaridad es lo mejor que existe, nunca nos podemos hundir por mucho que lo veamos todo negro..

No quisiera olvidarme de dar las gracias a todas las juntas por su apoyo y la paciencia que han tenido conmigo, sobretodo a esta última, a Cesar, Toni, Joan y Robert.

También quisiera dar las gracias a todos los compañeros que me han ayudado en las clases para poder atender a todos los alumnos, a Eduard, Montse Rabaza, Mari, Josep, Loli y Silvia (esta última me ayudó mucho en mis momentos más bajos). A su lado siempre he salido con energías renovadas. Sin olvidarme de mi querida jefa de departamento Pilar, con la que todo se me ha hecho mucho más fácil.

Tampoco quiero olvidarme del equipo no docente. A mi querido Josep, siempre tan dispuesto a hacer fotocopias, plastificar y todo lo que fuera necesario. Y ahora también a Marta, amable donde las haya. A Natalia, que ahí está siempre, recordándonoslo cuando la vemos por la sala y sobre todo en las cenas y juergas. A Víctor, que a pesar de que la sensibilidad artística no es su fuerte, ha sido amable y me ha ayudado en lo que ha podido. Tampoco olvido a las chicas de la limpieza, sobre todo a Encarna con la que he hablado y me he desahogado más de una vez, a la que agradezco que me haya escuchado.

Ahora comienza una nueva etapa en mi vida, llena de interrogantes, porque no decirlo y a la que me enfrento con un poco de vértigo; pero sé que es un reto, del que no quiero escapar y del que espero aprender mucho, y sino lo hiciera, siempre quedaría ese anhelo dentro de mi por no haberlo intentado; sin embargo lo que está claro es que este instituto, el Vázquez Montalbán, siempre será mi casa y a todos vosotros os llevaré en mi corazón.

Gracias a todos.

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